Dr. Orlando Morales Matamoros
Ensayos: Ciencia y Tecnología

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Reflexiones Científicas y Tecnológicas

DISQUISICIONES SOBRE LA NECESIDAD DE ELABORAR UNA VISIÓN AVANZADA DEL ROL DE LA CIENCIA Y LA TECNOLOGÍA EN EL DESARROLLO.

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Derechos Reservados (© Copyright) Dr. Orlando Morales Matamoros 1997, omorales@sol.racsa.co.cr


15 de Mayo de 1991

Señoras y Señores:

En nombre del Gobierno de la República de Costa Rica, un país pequeño, pero de corazón grande, reciban un caluroso saludo, al tiempo que se les desea una grata y provechosa estadía en nuestro país.

La oportunidad es propicia para compartir con ustedes una serie de reflexiones, que a manera de bosquejo traten de crear en sus mentes lo complejo de una pintura, que representaría la situación de nuestros países dentro de un contexto histórico, con las realidades del presente y la mirada puesta en el futuro.

Heráclito, en el siglo de oro de la Grecia clásica, aseguraba que lo único constante era el cambio, y nunca han tenido más realidad sus palabras que en el mundo actual, donde las innovaciones se suceden ininterrumpidamente, el número de publicaciones anuales toma un ritmo vertiginoso y donde las telecomunicaciones nos ponen en contacto directo con los sucesos del mundo, segundo a segundo.

Pero lo más importante es que, tanto los individuos como la sociedad, se comportan como un sistema el cual ante estímulos o variaciones del medio llevan necesariamente a una adaptación, o sea, a un reajuste compensatorio en respuesta a ese cambio. El ejemplo más claro lo ilustra la evolución biológica, ya que los cambios en el ambiente crean una presión adaptiva y en la lucha por la sobrevivencia, permanecen los más aptos; es decir aquellos que más fácilmente se ajustaron al medio. La trágica historia de los dinosaurios que una vez poblaron la tierra es evidente.

Hay una cuestión fundamental la cual ya fue comentada por Disraelí, Primer Ministro inglés, en la segunda mitad del siglo pasado, cuando aseguraba que el hombre no hace las circunstancias, sino las circunstancias hacen al hombre. Habría, por lo tanto, un determinismo circunstancial, casi donde el hombre era objeto y no sujeto. Más adelante, el filósofo español, Ortega y Gasset, acuñó la frase de "el hombre es él y su circunstancia" y dentro de su antropología filosófica, era el hombre un ser que se debatía entre sus propósitos y la constricción impuesta por el medio. Pero he aquí que todos los presentes estamos juntos y congregados, convencidos de que podemos crear un ambiente fértil mediante nuestro esfuerzo, para que la ciencia y la tecnología jueguen un rol instrumental en el desarrollo.

Hace cerca de diez milenios dio inicio la revolución de la agricultura y el hombre nómada se asentó para formar aldeas y luego ciudades y así aprovechar el ocio creador en manifestaciones culturales. Hace pocas centurias la revolución industrial conmovió al mundo civilizado de ese entonces, y los países que la emprendieron tomaron el liderazgo a nivel mundial, dividiéndose el mundo de ese entonces, entre quienes mantenían la hegemonía de la producción industrial y aquellos que continuaron todavía viviendo los magros frutos de la revolución agrícola.

Luego de la segunda guerra mundial empezó a levantarse esa tercera gran ola que, historiadores contemporáneos han llamado la revolución científica y tecnológica; y lo más doloroso del caso es que muchos países apenas se han dado cuenta de ello, a pesar de las claras señales de que está tomando lugar un gran cambio a nivel mundial. Pero todavía es más serio que algunos lo perciben y ante la amenaza no toman las medidas convenientes para participar en esa gran aventura de la humanidad.

Afortunadamente hay una toma de conciencia de que estamos entrando en nueva fase del desarrollo de la humanidad, y sin prejuicios debemos mirar las realidades del momento para subsanar debilidades, y realizar los cambios que deben introducirse, para que nuestro futuro sea promisorio a través de la utilización de una ciencia universal, en provecho de la solución tecnológica de nuestros propios problemas.

La actitud de los gobiernos está cambiando. Como prueba de ello, en la reunión de los Presidente Centroamericanos, incluyendo, por supuesto a Panamá, en la ciudad de Antigua, Guatemala, en junio de 1990, se dio el mandato a las autoridades competentes de Ciencia y Tecnología de cada país, para que con el apoyo técnico de la CTCAP se elaborara la política y el programa regional en esta materia.

Tal tarea fue tomada con decisión y empeño por las autoridades competentes Centroamericanas, y con el esfuerzo del Secretario Técnico de la CTCAP, Dr. Orlando Mason, y su Presidente, el DR. Manlio Martínez, se elaboró dicha propuesta, la cual fue aprobada en la nueva reunión de los Presidentes, en la ciudad de Puntarenas, Costa Rica, en el mes de diciembre de 1990.

El énfasis de la política regional de ciencia y tecnología, está en el uso de los conceptos científicos, de los procedimientos tecnológicos y de la formación de habilidades técnicas, en favor del sector productivo, ya que debe fortalecer al sector que genera riqueza. Un país es rico cuando tenga empresas prósperas.

El reto es mayor de lo que a primera vista uno podría pensar. Nuestros países han sido proveedores de materias primas y los productos de exportación se caracterizan por ser intensivos de mano de obra, con poco valor agregado y fragilidad comercial en el mercado, con una razón de intercambio cada vez más deteriorada.

Véase por lo tanto, que nuestra capacidad está en el sector primario, que casualmente es el sector más débil de la economía y que todavía no ha alcanzado la etapa de manufactura industrial y es apenas incipiente el crecimiento de los servicios. Por lo tanto, nos enfrentamos a un mundo industrializado, donde el conocimiento científico y tecnológico cada vez pesa más, y en el que la producción moderna es intensiva en conocimiento.

Estamos, ante esta realidad, marginados de un modelo de desarrollo con apertura hacia la modernidad. La debilidad del sector productivo lleva detectar tres grandes males y un denominador común, cuya deficiencia se explica y que a continuación describo:

Un desbalance comercial que llevado a que nuestros países importen una serie de bienes y servicios que no podemos compensarlos con el valor de nuestras exportaciones, lo cual crea un déficit de divisas y contribuirá a la gigantesca deuda externa. El tremendo desbalance comercial, en el caso de Costa Rica, en el año 1990, llegó a la suma de US$ 600 millones.

Un desbalance fiscal, a pesar de las cargas impositivas, cuya recaudación es insuficiente para el pago de salarios y para mantener e invertir en obras de servicio e infraestructura.

Y por último, un desbalance social, tan obvio, que permite fácilmente identificar en nuestros países a los sectores pobres y a los sectores ricos, con una tasa de iniquidad que preocupa a los políticos y a aquellos grupos sociales conscientes. En el caso de Costa Rica, un tercio de la población tiene ingresos que no superan el valor de la canasta básica, por lo que uno asumiría que viven con grandes congojas económicas.

En el fondo de todos estos males, subyace como elemento causal, el déficit crónico que se ha acumulado en materia científica y tecnológica, porque ante un mundo cambiante, en constante innovación, actitudes y esquemas de producción, nos hemos mantenido atados a la tradición agropecuaria de nuestros antepasados.

El caso del Ex-presidente de Colombia, Dr. Lleras Camargo, fue muy comentado hace varias décadas, cuando demostró el deterioro de los términos de intercambio, en el sentido de que cada vez se requería un mayor número de sacos de café, para comprar el mismo equipo agrícola, y muchos de nosotros ardorosamente apoyamos su pensamiento, en favor de combatir la fragante injusticia.

Sin embargo, en conversaciones con funcionarios de organismos internacionales, ante la repetición de ese estribillo tercermundista, la respuesta fue: "¿y por qué los países subdesarrollados continúan haciendo lo mismo?", con lo cual, está claramente evidenciado que nuestros productos tradicionales de exportación no son la respuesta, pero que, fuimos incapaces de diversificar o de dar un paso a la industrialización o la creación de empresas de base tecnológica.

No queda más camino que la diversificación del aparato productivo en favor de la competitividad de nuestros productos. Se debe por lo tanto, pensar seriamente si para justificar nuestra pobreza tratamos de transferir la responsabilidad a otros, sin darnos cuenta que las flaquezas pueden estar en uno mismo. Con esto quiero decir que, en el concierto de la naciones, cada país debe diseñar una estrategia de desarrollo que le permita interactuar con las otras dignamente, y no aceptando una situación de desventaja que oculta un perjudicial complejo de inferioridad.

Por eso saludados con agrado la llegada del Programa Iberoamericano de Ciencia y Tecnología para el Desarrollo, CYTED-D, ya que se presentan relaciones de cooperación multilateral a nivel horizontal entre los países de la Región.

Además, la integración científica y tecnológica de Iberoamérica y de sus regiones, podría ser el primer intento para una deseable integración económica y política. En efecto, por dicho programa hemos sido partícipes de las fortalezas de algún país y en forma complementaria hemos contribuido a superar las debilidades de otros, ya sea mediante la transferencia de conocimientos, intercambio de profesores o de la realización de proyectos conjuntos.

Me complace manifestar, que lo que el CYTED-D ha sido para la investigación y el desarrollo, tiene su contraparte en el sector industrial y empresario, en el llamado Programa Bolívar, que promueve el señor Presidente de Venezuela y que ha diseñado el Ministerio de Ciencia y Tecnología y el CONICYT de ese país.

Es conveniente, sin embargo, desagregar cuidadosamente lo que entendemos por desarrollo. En el caso de Costa Rica, consideramos que ha de manifestarse en parámetros económicos, tales como el producto interno bruto (PIB), el per cápita, el consumo de cemento o la utilización de la electricidad, pero simultáneamente debe reflejarse en el aspecto social, sobre todo en las tasas de alfabetización, en el índice de mortalidad, en la esperanza de vida y en los indicadores de nutrición.

Además, el desarrollo ha de hacerse fundamentado en nuestro contexto cultural, con respeto al orden ecológico y dentro de un marco de valores éticos, pues existe un ética del desarrollo que debe de orientar las acciones hacia la dignificación del ser humano, en una acción multipartita que lleve a elevar la calidad de vida de los individuos. Pero la pregunta clave siguiente es: ¿es posible desarrollar el subdesarrollo?

En las décadas pasadas cuando las teorías de la dependencia trataban de explicar el fenómeno del subdesarrollo, se dijo que era una condición sine qua non, la existencia de países desarrollados. Dicha teoría cayó en descrédito y por tanto dio paso a revisar las otras teorías condicionantes del desarrollo, que no aceptaban el régimen de la riqueza de algunos, derivada de la pobreza de otros.

Para los economistas, el primer paso hacia el desarrollo era contar con una acumulación de capital que fortaleciera las inversiones y que la investigación y el desarrollo tecnológico, vendrían por añadidura. Sin embargo, más bien ocurre lo contrario. Es el desarrollo científico y tecnológico el que dinamiza la economía y de allí parte el desarrollo.

Un grupo, llamado de los etapistas, consideraba que el proceso de desarrollo era gradual y por lo tanto se iba por etapas, para lo cual se necesitaba únicamente dejar pasar el tiempo. Y así decía Emilio Castelar, en la España Republicana de finales de siglo pasado, cuando afirmaba que España no era atrasada, sino que a España le hacía falta tiempo. Pero en estos momentos lo que se percibe más bien es que estamos en una carrera contra el tiempo, para así alcanzar el último vagón del carro del progreso, de esa meta anunciada, que llamamos desarrollo.

Finalmente, para los estructuralistas no era posible el desarrollo si no venía presidido de cambios en las estructuras de tenencia de la tierra, cambios en los sistemas de producción, cambios en las relaciones obrero patronales y en un nuevo orden social. Pero la existencia de los llamados Tigres del Asia, más bien han llevado a pensar, que el desarrollo es lo que produce los cambios estructurales que se reflejan en la sociedad.

En resumen, se había tratado de interpretar las relaciones económicas y sociales ligadas al subdesarrollo, con un argumento falso y tres paradigmas equivocadas.

Si bien es cierto, para los economistas clásicos, la tierra, el capital, la mano de obra, y el espíritu empresarial, constituyen los factores básicos de la producción, en este momento se reconoce, que por derecho propio, está presente un quinto elemento: el conocimiento científico y tecnológico asociado a la producción. Tal como Peter Druker lo manifiesta, la producción pasó de un etapa intensiva en mano de obra, a otra que requería ingentes sumas de capital, a la última etapa, la cual se reconoce que es intensiva en conocimiento.

Además, ese conocimiento debe irse orientado hacia la innovación tecnológica de procesos, de productos, de técnicas de manufactura, de mercadeo, de control total de calidad, etc., de tal manera que se vayan dando las circunstancias en favor de la apertura de nuestros productos.

Por otro lado, Michael Porter en sus múltiples publicaciones sobre la competitividad, como factor de éxito en los mercados internacionales, considera que no es siempre correcto decir que las ventajas comparativas de que gozan los países, pueden convertirse en ventajas competitivas. El caso más claro es el de Japón, ya que aunque no posee grandes recursos naturales ni un suelo pródigo, se ha convertido en una potencia económica mundial, a través del inteligente uso intensivo de conocimiento, ha logrado consolidar empresas de gran competitividad a escala mundial.

Tal vez los Latinoamericanos hemos caído en la trampa de nuestras riquezas naturales y la fertilidad del suelo, sin darnos cuenta de que en estos momentos se requiere de la inserción de ese novísimo elemento de la producción que es el conocimiento.

El libro Visiones del 2020, escrito por los profesores Carlson y Goldman, de la Universidad de Stanford, se delinea una imagen de las relaciones futuras de globalización de la economía, de la liberalización comercial, como producto de esa expansión de la frontera mundial, que en un momento se localizó alrededor del Mare Nostrum de los romanos y que producto del arrojo español, con el descubrimiento de América, se manifestó por las relaciones transatlánticas y que en este momento, se extendió el área circumpacífica, mediante las telecomunicaciones y la informática constituye ya un solo mundo. El reto de una economía moderna y próspera, depende de la ciencia y la tecnología, pero deben darse otras condiciones necesarias que todavía no son suficientes. Los autores anotan, que no puede haber desarrollo con mano de obra ignorante o en una área donde no existe estabilidad política y un compromiso de apoyo a la ciencia y a la tecnología.

Uno se asombra cuando los futurólogos nos hacen ver que las fuentes de energía del futuro corresponden al uso de energía atómica más limpia, más segura, con plantas pequeñas y para instalar in situ. Por otro lado, se esperan grandes adelantos en cuanto a la eficiencia de la conversión fotovoltaica y corremos, por lo tanto, el riesgo de que nuestra riqueza hidroeléctrica, sobre todo en nuestros países, donde no hemos podido ligar la generación eléctrica con industrias electrointensivas se vuelvan obsoletas. De las misma manera, tendremos una telemática expandida, la cual variaría los actos laborales, en el sentido de que la población humana, que ingresa a la ciudad en la mañana y se retrae a la periferia en la noche, ya tal vez no sea necesario su desplazamiento, puesto que los funcionarios podrían, con igual eficiencia, trabajar en sus casas, cuando cuenten con los medios de telecomunicación adecuados.

Sobre este particular, un caso anecdótico de Costa Rica puede ser ejemplarizante. El censo de hace cien años señalaba que apenas poco más del diez por ciento de los costarricenses sabían leer y escribir. En este momento el alfabetismo computacional ha de andar cercano a esa cifra. Por tanto, con igual sorpresa los costarricenses de la próxima centuria comentarán horrorizados de cómo el país pretendía desarrollarse sin contar con una formación e infraestructura en el campo de la computación y de la informática.

Pero todavía más Política de Privacidaddramática son la las consecuencias previsibles por el desarrollo de la biotecnología, ya que no solo el genoma humano será conocido dentro de pocos lustros, sino que se podrían prevenir enfermedades metabólicas, y controlarse los genes defectuosos con técnicas de ingeniería genética. Y en cuanto a la producción de alimentos por técnicas de manipulación genética, tendrán los países desarrollados una sobreproducción y en los países subdesarrollados, no habrá ni el conocimiento científico y tecnológico, ni los recursos económicos para procurarse el abastecimiento alimentario.

Es necesario concebir que estamos en una crisis multifacética y ya que la palabra crisis en lenguas orientales tiene dos significados antagónicos: peligro y oportunidad, se deberá hacer más esfuerzos para tratar de convertir nuestras debilidades en fortalezas, para que la ciencia y la tecnología sean el instrumento del desarrollo. Aún a la crisis podemos sacarle provecho.

Este mensaje inaugural estaría incompleto si no reconocemos la excelente labor organizativa encomendada al CONICIT, la colaboración del Ministerio de Ciencia y Tecnología y de la CTCAP, lo mismo del apoyo del CYTED-D, y así unidos todos, vamos creando las condiciones de apoyo para esos programas de ciencia y tecnología orientados hacia el desarrollo.

Parménides, cuasi contemporáneo de Heráclito, más bien decía, que lo único permanente de los objetos eran sus características fijas y constantes en contraposición a Heráclito, y tratando de conciliar estos conceptos aparentemente antagónicos de ambos filósofos, debiéramos decir, que lo único permanente ha de ser la actitud permanente al cambio a través del fortalecimiento científico y tecnológico, como un medio de procurar la riqueza y la prosperidad.

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