Dr. Orlando Morales Matamoros

Dr. O. Morales: Índice

Lactopoyesis

 

Cuentos

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La función lactogénica de los senos femeninos, además de su interés científico, ha sido descrita en formas muy variadas en la literatura, y en general en las artes. No hay tal vez cuadro más puro que el de la Virgen, que sobre su manto expone el tibio, aterciopelado y turgente pecho del que se prende ansioso un niño regordete. Esta imagen sacra, en su visión natural, era frecuente hasta hace algunos años en este medio, en que una madre campesina que carga a su niño, al exigir éste con puntualidad burocrática la hora de su alimentación, calma su grito al ponerle la madre el pezón en la boca.

Esta es la forma natural en que el recién nacido recibe el alimento materno, actividad que se prolonga por varios meses, pero que raramente se extiende después de cumplido un año. Aunque uno esté acostumbrado a pensar que la función nutricia de los pechos femeninos se restringe a alimentar a la cría, la antropología y la literatura han descrito muchas formas en que la acción lactogénica ha servido para alimento de hombres, animales o como tratamiento estético.

Resulta repulsivo a primera vista, tan sólo pensar en la imagen de un cerdillo pegado a un pezón humano, pero en algunas antiguas cultura, la sobrevivencia de un cerdo puede ser más importante que el desarrollo de un niño. Sería largo de enumerar las causa, pero dentro de cierto contexto tribal, a menudo por razones rituales, el marrano fácilmente puede ganarle la partida al humano.

Por otro lado, la hembra, en cuanto a su satisfacción de vaciar el pecho y sentir la rítmica estimulación táctil, le da igual suínido que humano, aunque el destino del marrano sea morir degollado posteriormente, en la orgía de la fiesta de la reproducción.

Resulta claro que esta función no tiene nada de heroísmo, pues quien amamanta a un cerdo, sabe que cumple una obligación importante, y por otro lado, su esfuerzo le será reconocido con creces. ¡Si hay paga no hay gloria! Es entonces tan sólo la realización de una función láctica con enfoque zoofílico. Se han referido también los casos en que una madre lactante ofrece su leche tibia y vivificante para reanimar, aunque sea temporalmente, a su padre o a su madre enferma. Esta sería una función nutricia de carácter humanitario.

Dentro de ciertos ritos orientales, el harén se justificaba -noción poco divulgada- para producir la leche, usada en el baño de la preferida. Resulta difícil imaginarse el dudoso gusto del sultán por el olor de la leche agria o el abrazo rancio de su enamorada. Aunque este asunto es colateral, podría suponerse que el perfume intenso de otras esencias, fuera prepotente sobre la leche descompuesta. De cualquier manera, era lo cierto que las mujeres danzaban alrededor de la tina de la preferida, sobre brillantes azulejos, en un rítmico apretar de senos de los que salían surtidores blancos que se escondían en la cabellera negra de la amada.

La propagación del género humano se debe no tanto a los úteros ávidos del riego seminal, ni al buen desarrollo de la glándulas mamarias, sino a aquellas hembras que instintivamente, y para dicha de la humanidad, complementan el placer sexual con la lactación y crianza de los niños. Es posible que esta sea una desviación de la función natural, al igual que las madres que por temor a perder el encanto juvenil de sus senos, dejan que la fuente se seque, en vez de que mane libre y beneficiosamente en la boca de sus hijos. En estos dos casos últimamente citados, hay un mal uso de la función lactogénica, uno por desperdicio o exceso y en último caso, por omisión.

Todavía no he catalogado el caso que me han contado de un preso político, quien a pesar de la criminal muerte por hambre a que se le había condenado, ávido succionaba los pechos de su esposa por más de un año, hasta que las fuerzas de liberación lo pusieron fuera de la cárcel.

Pero el asunto no es tan fácil, tal como ustedes lo comprenderán enseguida. En primer lugar, para que se produzca leche se necesita haber parido recientemente un hijo; en un segundo término, se necesitó de haber tenido un embarazo y tercero, se requiere un macho que fecunde. Aunque a decir verdad, abundan hombres de fácil inducción a la aventura pasajera, y sería relativamente sencillo arrojar la semilla en el fértil terreno interior de una genitalia joven, eso no lo es todo. Eso resolvería el problema de la producción y el acopio del alimento, pero no aseguraba la entrada de los elementos calóricos proteicos al presidio ni que llegaran a la boca del preso. Aunque a disgusto, lo más probable fue que ocurriera la conquista del guarda de la celda, pues unos pocos fingidos minutos con el uniformado varias veces a la semana, aumentaría el número de veces que el amado recibiría el jugoso y fortalecedor extracto de su cuerpo.

Por eso, el desenlace final de esta situación me tiene desconcertado y aunque me ha parecido difícil la decisión del jurado, bien ha hecho el juez en señalar que estaba mentalmente perturbado y que, en vez de encarcelársele se le debería enviar a un Hospital Psiquiátrico.

Vistas las cosas con cierta suspicacia, ¿por qué no imaginarse que ella pudiera haber abierto una puerta de su corazón al carcelero? En efecto, el argumento de unas pocas entregas no sólo parecería justificado y sería un acto de heroísmo, pero la entrega diaria de su cuerpo a cambio de una visita al preso, no sería sacrificio sino perversión.

Y es que en un momento de ira, todo se va al diablo, aunque en estos tiempos postrevolucionarios en que el recuento de los muertos no acaba, ¿a quien ha de importarle o tan siquiera llamarle la atención un triple homicidio y mucho menos escudriñar en las razones que le llevaron a ello?

 

---- FIN ----

 

 

 

 

 

 

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