Dr. Orlando Morales Matamoros

Dr. O. Morales: Índice

El Puente

Cuentos

Derechos Reservados (© Copyright) Dr. Orlando Morales Matamoros 1997-2008, omorales @ racsa.co.cr

 
  


 
 

 

 

 

"Estimado amigo:

No creas que te agradezco el saludo de año nuevo que me has dado. Todos los años pasados han sido difíciles, a pesar de los muchos deseos de prosperidad provenientes de los familiares y de las amistades. La verdad es que la intención, como un muletilla para acompañar los rutinarios saludos de cada comienzo de año, no van a hacer el milagro de solucionar los problemas. Es más, creo que no es posible cambiar el destino de cada uno. Yo he luchado bastante y tal parece que aunque mis fuerzas no me abandonan, tampoco me empujan hacia el progreso material y espiritual deseado. He tenido la mala suerte de trabajar en un sitio den que cada uno está más ocupado en bajarle el piso a los demás, que en surgir en base a realizaciones concretas y positivas. Da lástima cómo el país va a la ruina por la corrupción política y los diputados están más ocupados en tirarle mierda a los vecinos de curul que en resolver los problemas que ya se vuelven angustiantes. Esto a mí no tendría que preocuparme, pero creo que esa es la causa de los raquíticos aumentos salariales que alcanzan para tan poco. Encima de todo, ya no aguanto el detestable autobombo de ese grupo que va alcanzando prestigio a base de quemas recíprocas de incienso, pero más repugnante aún es la procesión de monaguillos que sigue al ídolo y que, cuando éste estornuda, todos a coro escupen. He visto con desconsuelo a mi regreso al país cómo se premia a la mediocridad de los miembros de la asociación de lisonjas recíprocas y en el plano político, ministros miopes y otros beneméritos de la patria, algunos gigantes de barro recubiertos con apenas una invisible película de cobre.

Por otro lado, el amor tibio y desinteresado de la Cecilia ya me tiene desilusionado, pues no quiere que trate como padre, ni como su hijo, sino tan sólo como su hombre y ella mi hembra. Esos besos tibios y acuosos, faltos de emoción pasaron del plano del aburrimiento al desagrado. Cuesta tanto encontrar a alguien que se dé por entero a cualquier causa, que hasta pareciera que es un pecado hacer el amor con total entrega. En el balance final de mi trayectoria en este mundo, entre felicidad y desdichas, el fiel de la balanza permanece en su punto central. Así, ha sido mi vida un permanecer estático a pesar del mucho movimiento, ¿incongruente, no? Ojalá que mi decisión no te traiga a tí, como el amigo más cercano, ninguna complicada consecuencia. A veces sin querer molestar uno a nadie, se acaba por contrariar a quien menos se piensa. Tengo tantos conocidos y tan pocos amigos que me sobrarían dedos de la mano al contarlos. ¿Para qué amigos si su afán es maximizar los defectos a la vez que minimizar las virtudes, como diría un economista? ¡Y que no me digan que no es cierto! Esta situación ya me está desesperando. Para colmo de males, a mi alrededor lo que hay es una serie de miopes que ni siquiera me han dado facilidades para explotar mi habilidad artística, por andar de aduladores y chupa medias con los favorecidos de turno.

Reconozco que la culpa en esta decisión ha sido mía por completo, y en alguna forma mi profesor de física contribuyó a ello. La decisión sería más fácil si supiera que, en esos tres segundos y pico podría sentir una inmensa satisfacción, si cuando desciendo a más de 100 km/h, supiera que logro esa sensación de excelsa realización y satisfacción plena y de libertad total. Ese sería mi descenso en caída libre. También esas clases de yoga y los conceptos de reencarnación, al permitirme meditar con calma y darme confianza en que volveré, animan mi decisión y que, cuanto antes mejor, pues tal vez tope con suerte en la otra vida. Esto me ha llevado a que pierda temple y decisión, y que últimamente me haya ablandado, como tú frecuentemente me dices. Esas conferencias sobre espiritualismo también me encaminan a ello. Sobre todo me llamó la atención el misterioso influjo que las profundidades tienen sobre el hombre, de cómo un puente elevado atrae al viajante a su borde y lo invita a lanzarse al vacío. Igual sucede con la alturas: el vértigo y la crofobia son respuesta exacerbadas de lucha entre esas ondas malignas que llaman desde abajo y la fuerza humana de oponerse a su llamado. El suicido es entonces simplemente obedecer o flaquear ante la atracción de las profundidades. Ese amor hacia el abismo lo he sentido al cruzar en carro el puente de los Anonos, e igual me ocurrió cuando de visita a Puntarenas el tren cruzaba sobre el Río Grande. Es un sentimiento pleno que nubla la mente y aligera el cuerpo, sentirse flotar por unos instantes hasta que el cuerpo se compenetre con la masa de agua y rocas más abajo, formando una unidad y haciendo volar el alma ya liberada, en millones de pedazos. En fin, ¡no sé de qué me quejo! A veces me llena de felicidad mi trabajo, a pesar de que uno no cuenta con el reconocimiento de los compañeros y menos la del jefe, persona chata de ideas, aunque de largo y ancho cuerpo, poco profundo de pensamiento. A otros les fue peor, a aquellos que han nacido en Caspirola o Chimirol, en los montes de Túfares o Surubres, o en la vega del río Rempujo, o en el bajo Cantarranas y peor aún en la soledad de Ticufres. ¡Vaya nombres! A esos sí les fue mal desde el primer pujido que los trajo al mundo y ahí están en la lucha diaria, sólo tirando pa’lante sin pensar mucho en mejorar el mundo, sino en sobrevivir apenas. Esos son hombres, yo soy una sombra. Te cuento que pienso esta tarde ir a Heredia para arreglar el asunto de la venta de la casilla, que seguro tan sólo alcanzará para pagar las pequeñas deudas".

-¿No es cierto Juan, que hace días no nos visita tu amigo Carlos?

-Sí, y lo más extraño es esta carta, pues nunca antes le dio por escribir.

Alcánzame el periódico de antier, pues la carta parece fechada hace tres días.

-Vamos a ver... Sección Sucesos... aquí debe estar el misterio de la carta, -me digo yo nerviosamente- al correr mis dedos presurosos sobre las hojas: "Cuerpo de un desconocido se encontró en la represa del Brasil, sobre el río Virilla. Se presupone que fuera un suicida lanzado desde el puente, carretera a Heredia".

 

---- FIN ----

 

 

 

 

 

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