Dr. Orlando Morales Matamoros

Dr. O. Morales: Índice

El Equilibrista

Cuentos

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La ley de Murphy se verificó una vez más: si algo puede ocurrir, tarde o temprano ocurrirá. A veces uno está entre la espada y la pared peleando con un contrincante que no se ve pero, golpea; no se le oye pero se siente. Tal vez eso ocurrió.

Primero fue cruzar la cuerda floja a relativamente poca altura del suelo; más tarde montado en una bicicletilla, con el arreglo adecuado de los aros y que vacilante recorría el hilo metálico de poste a poste. Lo emocionante eran los esperados aplausos cuando se detenía en el aire, balanceándose y sostenido por los aplausos. En cualquiera de esas actividades, las posibilidades de un accidente eran muchas. Podría fallar el hombre, pues al más leve parpadeo, un músculo que no obedeciera al comando y sería hombre caído, como ya le había ocurrido varias veces. Sin embargo, ¿que eran unas costillas rotas, los brazos quebrados de vez en cuando y accidentes menores, si con ello aseguraba su comida diaria?

También había que tomar en cuenta a los elementos puramente físicos: la adecuada tensión del cable metálico, una corriente de viento o el estado mecánico de la bicicleta que día a día se le ponía a rodar a mayor altura.

El problema fue que por ser un país pequeño, pronto la gente conoció el acto y perdió todo entusiasmo por la prueba. Algo mejoró la asistencia cuando a alguien se le ocurrió apostar desde que altura ocurriría la caída.

Es cierto que la vida es un riesgo calculado, y es más, que en toda decisión conlleva un cierto riesgo, pero en este caso la cuestión es de vida o de muerte, o mejor, de vida o de hambre.

Pareciera que de una u otra forma, las actividades que el hombre emprende es una cuestión de estómago, a pesar de que algunos creamos que el estómago no lo es todo. Bueno, es fácil pensar en otras cosas cuando se mastica a dos carrillos y se tiene el estómago satisfecho.

La otra gran molestia era acarrear la bicicleta pues el aparato debe tener su arreglo particular y los nuevos autobuses no permiten que se monte carga, como antes cuando todos eran pobres, sino que se permite a lo sumo algunas bolsas, siempre uy cuando no estorben a los pasajeros. Al fin de cuentas la bicicleta dejó de ser molestia, y quedó en prenda por dos días de alojamiento y comida que pasó en una pensión.

¿Y ahora que? Para quien nació con nervios de hierro, nada mejor que los explote y he aquí que viéndolo bien, también podría hacer equilibrio con sillas sobre una mesa, ya fuera sobre el suelo o a cierta altura. Practicó unas pocas veces y vio que el acto funcionaba. Tomó en cuenta toda posibilidad y practicó en la mañana, a mediodía, en la tare y madrugada. Daba igual después de comer, en invierno y en verano, con ropa y en calzoncillos, con viento y en días calmos.

Seleccionó primero diez metros como altura apropiada de la plataforma y gradualmente fue agregando sillas para la prueba. Primero dos, luego fueron tres y cuatro; después cinco y seis, hasta que llegó un punto en que ya más bien demandaba gastos pues fácilmente no se conseguían las sillas y se requería de un auxiliar que las subiera. Resulta que un día, había subido tanto que quedó envuelto en una nube y en un breve y decisivo instante, pensó que si bien ya no podía subir más, también se podría llegar al cielo dejándose caer.

 

---- FIN ----

 

 

 

 

 

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