Dr. Orlando Morales Matamoros

Dr. O. Morales: Índice

El Último Pronóstico

Cuentos

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¡Ynadie les hizo caso! ¿Y por qué habrían de poner atención a los informes de un Instituto que nunca acertó ni una? Todos entendemos que los pronósticos meteorológicos son bastantes difíciles de adelantar con éxito total, pero el porcentaje de aciertos difícilmente alcanzaba el 10%.

A nadie se le olvida la sequía pronosticada con muchos meses de anticipación y los ingentes esfuerzos del gobierno preparándose para la tragedia. Y sucedió que ese año llovió y llovió y en la niebla espesa flotaban medusas, y los hongos se adherían a los zapatos y casi a todos la lluvia les aguó el carácter. Por ratos caían granizos, los corazones se apagaron y fue tan sólo la Gracia de Dios, la que hizo reaparecer el sol.

Los días apacibles se volvían agitados, violentos; aparecían tornados y el viento tomaba fuerza transformando la brisa en vendavales.

Como todo en este mundo tiene arreglo, la gente empezó a tomar la información meteorológica totalmente invertida, y ahora el porcentaje da aciertos populares fue alto y así, había que tomar paraguas los días que se anunciaban como soleados y dejar la capa en casa cuando se pronosticaba un temporal.

Aunque los funcionarios explicaban que era la cambiante situación de los trópicos, que la ciencia no tenía por qué ser exacta en un ciento por ciento y que, las cosas se hacían lo mejor que se podía. La verdad es que el gobierno tomó el asunto en sus manos cuando ya era demasiado tarde pues en el estrato popular no había inexactitudes, sino cuestión de sentido común: La experiencia había enseñado a tomar los informes en forma contraria. Sin embargo, nació un nuevo ente gubernamental: el Instituto de Estudios de la Tierra y Afines.

La eterna lucha entre los científicos y los fenómenos naturales continuó, para constante desprestigio y desilusión de los hombres, de ahí que el moto popular era que el Instituto propone, pero la naturaleza dispone.

Aparecieron nuevas orientaciones en los campos de investigación. El país surcado por una cordillera con penachos humeantes tuvo pronto vulcanólogos, sismólogos y geofísicos. Curiosamente, la revisión cronológica de la actividad sísmica daba datos interesantes. Se observan períodos de actividad sísmica seguidos de períodos de quietud hasta el siguiente período de temblores. Pacientemente se tabuló la fecha de los diferentes temblores, conocidos con los nombres de los lugares en donde ocurrieron: Cartago, Fraijanes, Cartago otra vez, Tres Ríos, San Ramón y Orotina, Nicoya, Sámara, Patillos, Bajos del Toro, Tilarán, Pérez Zeledón y otros fenómenos telúricos, en diferentes localidades. Se correlacionó la intensidad y la magnitud con la duración del silencio sísmico y se obtuvo algo muy interesante que se publicó in extenso en los anales del Instituto bajo el nombre de "Evolución Temporal Constante de la Intensidad Sísmica", y que mereció una nota breve en revistas internacionales. Curiosamente, la relación entre la intensidad sísmica y el período de inactividad geológica reproducía siempre una constante, que en sencillo quería decir: cuando tiembla seguido es de poca magnitud, o si se quiere: el socollón es tanto mayor, cuanto mayor sea el tiempo después del último temblor.

Conforme a la establecida costumbre, el Instituto continuó informando equivocadamente sobre las mareas, la velocidad del viento, la actividad volcánica, los temblores, las lluvias y la sequía.

Y no era cuento que, a pesar de todos los desaciertos, se habían esmerado en los estudios. Ya contaban con registros de todo el país; montaron estaciones portátiles, midieron el nivel de las aguas y la temperatura en las perforaciones petroleras. También, con la asesoría de chinos se trajeron cucarachas predictoras de tal forma que su natural comportamiento veíase alterado y contaban con bocas de dragones con esferas metálicas en el canal ahuecado de la lengua, que a menor movimiento caían sobre unos tambores metálicos produciendo gran estruendo y amplificación sismométrica.

Lo afortunado fue que un pequeño grupo de científicos logró determinar la frecuencia, intensidad, magnitud y perfeccionaron los métodos de predicción sísmica. La desgracia fue que nadie puso atención a los avisos de una inminente revolución telúrica, que dejó para los arqueólogos la tarea de contar el cuento.

 

---- FIN ----

 

 

 

 

 

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